- Disculpe señorita, ¿puedo invitarla a una copa?
- En realidad no, pero podemos tomarnos algo juntos, si es que no le molesta de esa manera.
- No, no, en absoluto. Mi nombre es Yoel, mucho gusto.
- Me llamo Judit, igualmente.
Dos personas se encuentran en alguna esquina del espacio y el tiempo. Caprichos del Dios Destino que junta sus hilos para formar la madeja de la vida. A veces hila con seguridad y los hilos quedan juntos por mucho tiempo. En otras ocasiones simplemente deshace la labor y esas dos hebras de vida no vuelven a verse jamás. El terrible error es que los hombres no siempre entienden la forma de ser del destino y tuercen su propia fibra tratando de forzar la costura que el tiempo debe realizar en su momento.
- ¿No eres de aquí verdad?
- Soy de Argentina, estoy de vacaciones.
- Oye, que interesante, ¿que te trae tan lejos?
- En realidad muchas cosas.
El hombre ataca y avanza, su cerebro no conoce mejor arma que su voluntad. La mujer acepta la embestida o se defiende en la razón. Ninguno de los dos podrá mostrar abiertamente sus corazones, porque a esta altura, ninguno de los dos está escuchando al corazón. Es un encuentro casual, un interés nacido del físico. Ninguno de los dos sospecha que hay fuerzas superiores a ellos juntando sus caminos.
- ¿A qué te dedicas?
- Soy periodista.
- En serio, una carrera linda, yo hubiera querido dedicarme a algo así.
- ¿Y que haces tú?
- Soy administradora de un café.
Sus bocas atropellan palabras que su mente ordena. Pero sus ojos están abriendo ventanas hacia sentimientos del corazón que ellos mismos no pueden controlar. El acento de ella, el timbre de él, su sonrisa, su mirada. Uno a uno su verdadero Yo empieza a emerger de esa oscura cueva donde ambos se refugian del mundo y sus espejos de realidad.
- ¿Y qué has conocido de estos rumbos?
- Poco en realidad, las playas y Antigua.
- Te falta mucho, ¿estarás más tiempo por aquí?
- En realidad no sé aún.
- No sabes o no quieres contar.
El macho decide atacar a la parte fuerte de sus defensas, trata de confrontar las barreras que ella ha puesto. Su único objetivo, encontrarla vulnerable, conseguir avances que por sí misma ella no permitiría. Ella se defiende, la presencia de él comienza a generar dudas, decirle o no decirle implica abrir un camino que ella misma no podrá controlar o dar por terminado un encuentro y evitar complicaciones.
- Quisiera conocer Panajachel y Tikal.
- Lugares lindos, Tikal no conozco.
- ¡En serio!, y viviendo aquí, no lo puedo creer.
- En realidad nunca me lo he propuesto.
Él encuentra un motivo para presentarse vulnerable, decide no participar como el supremo conquistador sino se coloca a su par, se muestra menos orgulloso y participa defectos que no afecten su propia imagen. Ella descubre que bajo la capa de seguridad hay un atisbo de honestidad. Su interés aumenta al notar que no habérselo propuesto es la razón por la que tanto él como ella no han hecho muchas cosas antes en sus vidas.
La lucha ahora es interna. Ambos desearían dejar las normas de la puritana sociedad e invitarse juntos a conocer esos lugares. Él no quiere ofender a la dama, ella no quiere comprometer su pudor. En ambos empieza a nacer la inquietud de la compañía. Pero imposible proponer la posibilidad sin pensar en el sexo, ambos lo están pensando pero ninguno puede confesarlo. Los ojos rojos del deseo se despiertan en su interior ante el aroma del otro. ¿Cómo detener este deseo y a la vez satisfacerlo?
- ¿Y viajas sola?
- Sí.
- ¿No te da miedo?
- Más bien me causa problemas al no conocer bien, pero por agencia salía mucho más caro el viaje.
- ¿Pero sí sabes como llegar a los dos lugares verdad?
- Bueno sí, tengo un libro que me dice donde tomar los buses y una lista de hoteles.
- En realidad espero que tengas un gran viaje eh.
- Gracias, fue un gusto platicar contigo.
Los caminos parecen separarse. Ninguno de los dos estará tranquilo esta noche. Miles de dudas y pensamientos saltan en tropel en sus camas pensando cómo se pudo alterar lo que parecía no estaba destinado a ser. Ella vino para estar sola, él vive para estar sólo. Dos mundos que ambos se convencen no debieron juntarse, sus reproches nunca son hacia el otro, siempre son hacia ellos mismos por no haber dicho lo que debía decirse.
- Oye, ¿que haces aquí?
- Te tengo que contar la verdad. Soy del Servicio Secreto y eres sospechosa de terrorismo y te tuve que seguir hasta aquí para saber con quiénes estás trabajando.
- En serio, yo creí que la primera regla era no dejarse descubrir por el enemigo.
- Yo trabajo diferente.
El decidió actuar, seguirla y buscarla en su destino. El encuentro no fue casual, la broma fue adecuada, ambos saben que están allí juntos porque ella lo deseaba y él actuó. La complicidad de algo ante la sociedad prohibido evita explicaciones, sus ojos nuevamente han hablado y sus almas aprobaron mutuamente que estar juntos es lo que desean. El fantasma del deseo tiene cuerpo, tiene voz, tiene una oportunidad. Al igual que las mejores adivinanzas, no se debe mencionar la respuesta pero provocar que sea adivinado. Ninguno puede hablar del deseo de estar juntos pero debe permitir que el otro adivine que también lo desea.
En la mente de ambos ronda una duda. Ni él ni ella buscan un lazo que los retenga donde ninguno de los dos pertenece, ninguno quiere juntar dos caminos que el mapa indica han de separarse, no es herirse lo que buscan, sino gozarse.
Las calles van dando forma a las charlas, los árboles van dejando caer hojas del pasado de ambos. Se conocen, conocer es querer u odiar. Conocer el pasado es ser lo suficientemente valiente para aceptar que el equipaje de ambos no es sólo de ellos; familia, amigos, parejas, sueños, tristezas, todo forma parte de la vida que llevamos encima sin poder quitarlo. Nuestras risas guardan tras ellas mucho de nuestra vida, y cuando se las damos a alguien nos exponemos a que descubran que nuestras máscaras son frágiles y mal hechas.
- Me regreso el martes.
Y el mundo se impone nuevamente.
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