martes, 20 de noviembre de 2012

Mi vida no será espectacular


Mi vida no será espectacular, si la comparas con las historias que la caja cuadrada te ha querido vender como ideales. Ni salvo damiselas, ni destruyo anillos; ni siquiera soy capaz de conmover a un cachorro con un discurso que motive a las masas. Es cierto, lo que los borregos suelen catalogar de impresionante, en mi vida ha sido poco más que un promedio.


Sin embargo algunas cosas me han pasado, o tal vez sea mejor decir que yo he pasado por ellas. He visto atardeceres en el océano y en las montañas, he sentido volcanes en erupción y la nieve quemar mis manos desnudas. He contemplado una madre cuidando a su cría y a pichones intentar su primer vuelo. Pequeñas motas de vida abrirse paso a través de un cascarón e imponentes animales tener en sus ojos el fantasma de lo que debieron haber sido y la resignación de la jaula que los rodea.

He visto el nacimiento de un río y la muerte de un ser querido. He tenido miedo, rabia, dolor, llanto, risa e ilusión. He volado lejos y he redescubierto mi mundo sentado en el sillón de siempre. Puedo recordar risas regaladas con ternura y amor y palabras ex profesamente elegidas para hacerme daño.

Me han humillado, me han ovacionado, me he visto en aprietos y he apretado manos amigas en los momentos en que las fuerzas parecen una simple broma de los libros de épica. Puedo recordar poemas enteros y sentir mis ojos humedecer con algunas canciones. Puedo subir, bajar, seguir, detener y embestir.

Mi vida no será material para inspirar a nadie, pero ciertamente es suficiente para inspirarme a mí. No será una secuela ininterrumpida de éxitos, pero los pocos que existieron no fueron obra de la fortuna. No tengo acciones de las cuales arrepentirme y tengo la madurez suficiente para reconocer que algunas decisiones pudieron ser mejores.

Soy yo, una persona, me atrevería decir como cualquiera; no me comparo con nadie pero tampoco puede ser fácilmente confundido con otro. Nada me distingue en particular pero escapo de los convencionalismos más fácil que la mayoría. No puedo ser egoísta y decir que toda mi vida ha sido forjada por mis acciones y mis decisiones, pero mucho de mi ser ha sido forjado a través de intolerables rutinas, angustiantes disyuntivas y empresas que no por ser poco heroicas dejaron de ser importantes.

He sido, soy y seré muchas cosas, pero básicamente me resumo en YO; auténtico y consecuente, inestable pero comprometido, imperfecto pero constante, distante pero humano.
 
Y todo lo que he visto, sentido, hecho, decidido o ejecutado, todo lo que soy, fui y seré, todo cuanto puedo con orgullo llamar YO, poco o nada ha significado ante lo que me está pasando cuando estoy a tu lado.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Cuento triste


Mejor agarro un pedazo de éste papel para taparme arriba, porque ese amarillo no quita tan bien el frío, mejor pongo el amarillo en mis piernas, al final allí nunca siento tanto frío. Estoy seguro que el cartón tapa mejor, no deja pasar tanto el frío, pero lo poco que tengo mejor me acuesto en él para no sentir tanto el frío cuando duermo. En realidad este piso lisito es muy bonito, pero es muy frío por la noche, mejor dejo el cartón donde está. Pero voy a buscar y un día podré taparme sólo con cartón, no sentiré tanto frío. No sólo eso, voy a dormir cerca de un fuego como el del Liendres, él no ha de pasar frío, sólo tiene que cuidar que nadie le quite la lata donde hace el fuego.
 
Mañana, con el pisto que saqué hoy voy a comerme un pan con frijoles y un café con la señora de la Montúfar, voy a comer como los albañiles, porque hoy tengo pisto. Tenía razón Tintín, no basta con lustrar zapatos, en los semáforos puedo pedir fichas y saco más al día.
 
El Tintín es pilas, tiene más tiempo que yo y aprendió a buscar pisto en las camionetas y las paradas. Además juega bien pelota. A mí me gustaba cuando me invitaba a jugar pelota en el arríate, me decía vos sos pilas Enano, te patean y te empujan pero sos duro, así metes goles.
 
Yo metía varios goles, el otro día metí tres en la chamusca y todos fregaban al portero porque el Enano le metió tres goles. Me gustaba ir allá, pero ahora con el hoyo que tienen mis zapatos me duele mucho jugar, el otro día me sangró el pie y hedía un montón. Voy a ir con la señora de allá arriba a ver si me regala otro para jugar de nuevo.
 
Además me gustaba cuando Tintín me abrazaba para cruzar la calle. Se sentía rico, era casi como que me cuidaran. Yo me fijé que era bonito que me hiciera eso y ahora cuando duermo me abrazo a mí mismo con mis bracitos y mis manos me dan calor, y si hace mucho frío o está oscuro me siento más mejor si me abrazo muy fuerte.

A veces imagino que es la seño Letty la que me abraza. Ella era muy buena, siempre me decía que me quedara cuando todos se fueran y me regalaba un dulce. Pero mi mamá nunca me creyó y me pegaba con el cincho porque creía que yo lo había robado, pero yo le decía no mami, la seño Letty me lo dio.
 
No sé porqué mi papá me sacó de la escuela, me gustaba ir para jugar pelota en el campo. Teníamos porterías de hierro y la pelota no se iba a la calle como en el arríate. Mi papá me dijo que como la seño Directora le había pegado a mi hermano no íbamos a volver a la escuela y que el otro año nos íbamos a otro lugar. Yo quisiera regresar, pero no tengo uniforme y don Tato no deja pasar a nadie en la puerta si no lleva el uniforme.
 

Pero como ya no vivo con mi papá quizá la seño Directora me deje regresar sin uniforme y podría estar de nuevo con la seño Letty y me regalaría dulces al salir. Pero ahora ya no haría nada malo con los niños de quinto para que la seño Letty no vuelva a enojarse conmigo como el último día que fui. Yo le dije que yo no había hecho nada en el baño con los de quinto pero le mentí, y ella se enojó mucho. Yo no sé si la seño Directora le pegó a mi hermano, quizá mi papá me dijo eso porque la seño Letty le dijo que yo me había portado mal y me había expulsado. Mi papá sabía que la seño Letty me quería mucho. Una vez la seño Letty regañó a mi papá porque había tomado y me pegó por llegar tarde de jugar cincos, y ella lo regañó.
 
Pero ahora ya no vivo con mi papá, no sé donde viva él ahora, mi mamá me dijo que se había ido con una puta pero no me dijo quien. Yo la verdad no conozco ninguna puta, todos hablan de ellas pero parece que no existen, como esos enanos del cuento que nos contaba el profe Julio en clase. Una vez en la camioneta bajó un hombre bajito que comió con los albañiles en la Montúfar y yo creí que él era uno de los enanos del cuento que me contó el profe Julio. Pero el no tenía barba larga y estaba solo, pero parecía enano, no era mucho más alto que yo.
 
A mí me gustaba leer, ahora intento leer lo que dicen las hojas con las que me tapo pero hay muy poca luz y no entiendo lo que dice. De plano en quinto le enseñan a uno a entender esas cosas que leen los grandes, yo miraba que los de quinto llevaban libros gordos y me decían que eran de idioma y que los miraban todos en el año. De plano en quinto le enseñan a uno a leer periódicos.
 
Extraño a mi mamita, ella le dijo a mi papá que si tan bien estaba con esa puta que nos llevara a nosotros también y nos dejó en la sala y se encerró en el cuarto. Mi papá se fue de la casa y mi hermano grande se fue con él, yo los seguí pero corrieron mucho y los perdí. Y esa noche no pude regresar a mi casa porque no sé por donde tomó mi papá y no pude regresar. Yo tenía miedo y frío y un viejo que olía muy mal me dijo que me durmiera con él, yo tenía miedo porque mi mamita me iba a pegar si sabía que había salido de noche, lloré mucho pero el viejo me dio pan francés y me compró un café. Me dijo que sin azúcar porque chingaba los dientes.
 
Al otro día no sabía donde estaba y como era tarde no pude ir a mi casa porque mi mami me iba a pegar por no haber ido a la escuela. Allí en la calle conocí a Tintín y me dijo que mis papás me habían echado de la casa y que se pelearon porque nadie me quería. Yo lo ayudé a lustrar zapatos ese día y estuve mucho tiempo con él y en un basurero encontramos una caja vieja de lustrar zapatos y me la quedé.
 
El Tintín tenía un amigo chiclero que me dio todo para lustrar zapatos y yo tenía que lustrar allí donde él estaba, le pagaban a él y me daba para mi pan con frijoles a medio día. Pero me trataba muy mal, me decía patojo y no me gustaba porque mi mamá me dijo que no dejara que me dijeran patojo porque yo tenía nombre. El Tintín me dice Enano pero me gusta que me diga así.
 
Todos los días el chiclero me quitaba la caja y me la daba en las mañanas para trabajar. Pero el Tintín me dijo que no iba a ganar pisto si no me robaba la caja y me iba a buscar más clientes a otro lado. Un día cuando el chiclero atendía mucha gente agarré la caja y me fui corriendo. El Tintín me escondió y comenzamos a buscar gente juntos.
 
Pero el Tintín es grande y camina más rápido que yo, por eso gana más pisto, entonces ahora sólo lo veo cuando viene a dormir aquí. Ya no jugamos pelota porque queda cerca del chiclero y se me ve un día me va a pegar por llevarme la caja.
 
Pero ahora tengo pisto y mañana voy a comer con los albañiles de la Montúfar. Hoy no hace frío, pero me voy a dar calor con mis manitas porque hoy estoy muy contento porque mañana voy a comer pan con frijoles en la Montúfar.

 

lunes, 12 de noviembre de 2012

Encuentro


- Disculpe señorita, ¿puedo invitarla a una copa?

- En realidad no, pero podemos tomarnos algo juntos, si es que no le molesta de esa manera.

- No, no, en absoluto. Mi nombre es Yoel, mucho gusto.

- Me llamo Judit, igualmente.

Dos personas se encuentran en alguna esquina del espacio y el tiempo. Caprichos del Dios Destino que junta sus hilos para formar la madeja de la vida. A veces hila con seguridad y los hilos quedan juntos por mucho tiempo. En otras ocasiones simplemente deshace la labor y esas dos hebras de vida no vuelven a verse jamás. El terrible error es que los hombres no siempre entienden la forma de ser del destino y tuercen su propia fibra tratando de forzar la costura que el tiempo debe realizar en su momento.

- ¿No eres de aquí verdad?

- Soy de Argentina, estoy de vacaciones.

- Oye, que interesante, ¿que te trae tan lejos?

- En realidad muchas cosas.

El hombre ataca y avanza, su cerebro no conoce mejor arma que su voluntad. La mujer acepta la embestida o se defiende en la razón. Ninguno de los dos podrá mostrar abiertamente sus corazones, porque a esta altura, ninguno de los dos está escuchando al corazón. Es un encuentro casual, un interés nacido del físico. Ninguno de los dos sospecha que hay fuerzas superiores a ellos juntando sus caminos.

- ¿A qué te dedicas?

- Soy periodista.

- En serio, una carrera linda, yo hubiera querido dedicarme a algo así.

- ¿Y que haces tú?

- Soy administradora de un café.

Sus bocas atropellan palabras que su mente ordena. Pero sus ojos están abriendo ventanas hacia sentimientos del corazón que ellos mismos no pueden controlar. El acento de ella, el timbre de él, su sonrisa, su mirada. Uno a uno su verdadero Yo empieza a emerger de esa oscura cueva donde ambos se refugian del mundo y sus espejos de realidad.

- ¿Y qué has conocido de estos rumbos?

- Poco en realidad, las playas y Antigua.

- Te falta mucho, ¿estarás más tiempo por aquí?

- En realidad no sé aún.

- No sabes o no quieres contar.

El macho decide atacar a la parte fuerte de sus defensas, trata de confrontar las barreras que ella ha puesto. Su único objetivo, encontrarla vulnerable, conseguir avances que por sí misma ella no permitiría. Ella se defiende, la presencia de él comienza a generar dudas, decirle o no decirle implica abrir un camino que ella misma no podrá controlar o dar por terminado un encuentro y evitar complicaciones.

- Quisiera conocer Panajachel y Tikal.

- Lugares lindos, Tikal no conozco.

- ¡En serio!, y viviendo aquí, no lo puedo creer.

- En realidad nunca me lo he propuesto.

Él encuentra un motivo para presentarse vulnerable, decide no participar como el supremo conquistador sino se coloca a su par, se muestra menos orgulloso y participa defectos que no afecten su propia imagen. Ella descubre que bajo la capa de seguridad hay un atisbo de honestidad. Su interés aumenta al notar que no habérselo propuesto es la razón por la que tanto él como ella no han hecho muchas cosas antes en sus vidas.

La lucha ahora es interna. Ambos desearían dejar las normas de la puritana sociedad e invitarse juntos a conocer esos lugares. Él no quiere ofender a la dama, ella no quiere comprometer su pudor. En ambos empieza a nacer la inquietud de la compañía. Pero imposible proponer la posibilidad sin pensar en el sexo, ambos lo están pensando pero ninguno puede confesarlo. Los ojos rojos del deseo se despiertan en su interior ante el aroma del otro. ¿Cómo detener este deseo y a la vez satisfacerlo?

- ¿Y viajas sola?

- Sí.

- ¿No te da miedo?

- Más bien me causa problemas al no conocer bien, pero por agencia salía mucho más caro el viaje.

- ¿Pero sí sabes como llegar a los dos lugares verdad?

- Bueno sí, tengo un libro que me dice donde tomar los buses y una lista de hoteles.

- En realidad espero que tengas un gran viaje eh.

- Gracias, fue un gusto platicar contigo.

Los caminos parecen separarse. Ninguno de los dos estará tranquilo esta noche. Miles de dudas y pensamientos saltan en tropel en sus camas pensando cómo se pudo alterar lo que parecía no estaba destinado a ser. Ella vino para estar sola, él vive para estar sólo. Dos mundos que ambos se convencen no debieron juntarse, sus reproches nunca son hacia el otro, siempre son hacia ellos mismos por no haber dicho lo que debía decirse.

- Oye, ¿que haces aquí?

- Te tengo que contar la verdad. Soy del Servicio Secreto y eres sospechosa de terrorismo y te tuve que seguir hasta aquí para saber con quiénes estás trabajando.

- En serio, yo creí que la primera regla era no dejarse descubrir por el enemigo.

- Yo trabajo diferente.

El decidió actuar, seguirla y buscarla en su destino. El encuentro no fue casual, la broma fue adecuada, ambos saben que están allí juntos porque ella lo deseaba y él actuó. La complicidad de algo ante la sociedad prohibido evita explicaciones, sus ojos nuevamente han hablado y sus almas aprobaron mutuamente que estar juntos es lo que desean. El fantasma del deseo tiene cuerpo, tiene voz, tiene una oportunidad. Al igual que las mejores adivinanzas, no se debe mencionar la respuesta pero provocar que sea adivinado. Ninguno puede hablar del deseo de estar juntos pero debe permitir que el otro adivine que también lo desea.

En la mente de ambos ronda una duda. Ni él ni ella buscan un lazo que los retenga donde ninguno de los dos pertenece, ninguno quiere juntar dos caminos que el mapa indica han de separarse, no es herirse lo que buscan, sino gozarse.

Las calles van dando forma a las charlas, los árboles van dejando caer hojas del pasado de ambos. Se conocen, conocer es querer u odiar. Conocer el pasado es ser lo suficientemente valiente para aceptar que el equipaje de ambos no es sólo de ellos; familia, amigos, parejas, sueños, tristezas, todo forma parte de la vida que llevamos encima sin poder quitarlo. Nuestras risas guardan tras ellas mucho de nuestra vida, y cuando se las damos a alguien nos exponemos a que descubran que nuestras máscaras son frágiles y mal hechas.

- Me regreso el martes.

Y el mundo se impone nuevamente.

Mi tristeza y yo


Hoy desperté decidido a abandonar mi tristeza. Así que me levanté, bañé y arreglé para salir. En el umbral de la puerta volví para ver a quien dejaba atrás y de quien hoy me despedía.

Y allí estaba ella. Me miraba con su ojos de siempre, pero su mirada era diferente, había algo de niña que nunca había visto ni mucho menos imaginado. Parecía casi emocionada por mi partida y entonces comprendí. No podía dejar a mi tristeza, al final de cuentas era mi hija con la soledad, y un padre nunca debe abandonar a sus hijos, son ellos quienes deben elegir cuando dejarnos.

Así que tomé a mi tristeza de la mano, preparé un café y nos fuimos a leer un libro de cuentos de Borges.