jueves, 7 de marzo de 2013

Los hombres que no amaban a las mujeres (Reseña propia)

Armageddon was yesterday, today we have a serious problem.

Stieg Larrson (Los hombres que no amaban a las mujeres)


Resumen

“Lo que quiero decir es que hay casos que se te pegan al cuerpo y se meten por debajo de la piel”, le comenta un detective retirado al protagonista de la historia, y es verdad. Hay libros que se te pegan, que a través de sus páginas se van fundiendo a tu persona y forman parte de ti. Algunos lo logran por provenir de cierta persona, por haber sido leídos en una época especial de nuestras historias, otros por su maestría en la prosa. Y algunos, por contarnos una historia tan intensa que resulta imposible abandonarlos.
“Los hombres que no amaban a las mujeres”, primer volumen de la trilogía Milenium del autor sueco Stieg Larrson es uno de esos libros. El resumen resulta hasta soso, un periodista caído en desgracia es contratado por una familia para fracasar en la investigación de una desaparición ocurrida 40 años atrás. Sí, fracasar, porque nadie en el libro tiene la convicción que pueda resolver el enigma. Ni el octogenario millonario que lo contrata, ni el periodista y ciertamente tampoco la o las personas detrás de la desaparición.
El investigador, Mikael Bloomkist, es un periodista económico, tachado de izquierdista por sus detractores y de paladín de la verdad por sus admiradores, ha sido embaucado y acusa a un prominente empresario de negocios sucios. El tema termina mal y es condenado por la justicia a pagar una indemnización económica y tiempo en prisión.
Como la justicia en Suecia no es igual que la nuestra, cuesta creer que la condena no se efectuará inmediatamente sino que tendrá unos cuantos meses antes de ingresar a un centro penitenciario que el mismo describe como “unas vacaciones de trabajo”. Es en este momento de su vida que recibe el curioso encargo de trasladarse a vivir a una región al norte del país para investigar la desaparición de Harriet Vanger, una niña de 16 años que durante un accidente que incomunicó la isla donde vivía el clan familiar se perdió del mapa.
A regañadientes y bajo el cebo de recibir una retribución monetaria jugosa e información que permita clavar en la cruz al empresario que le ganó en juicio, Mikael acepta el encargo. Vivirá un año en la isla, tiempo durante el cual su cliente, el millonario Henrik Vanger, bajo el supuesto de estar escribiendo una crónica de la familia, una de las más influyentes de la Suecia de antaño, le encarga investigar con ojos frescos una investigación que ni el obsesionado y recursivo millonario ni la policía han podido realizar.
La primera parte de la historia de Mikael se centra en conocer el pasado de la familia, en sus particulares relaciones con su amante y socia de la revista Milenium y el frío de perros que puede existir en el norte de Suecia durante los meses del invierno. Su investigación, como todos esperaban, no avanza mucho, y el lector tiene la oportunidad de ir conociendo cada hilo de la trama de la desaparición y posible asesinato de la niña. Los detalles a resaltar son la mezquindad de una familia empresaria donde existen bandos de gente que no se habla con tal o cual pariente, sean padres e hijos o hermanos, y donde hay desde fanáticos nazis hasta maestras de escuela pública. Segundo, Henrik está convencido que la niña fue asesinada, y que su asesino es un miembro de la familia que cada año, durante las últimas cuatro décadas, manda un regalo particular que sólo puede significar una burla y desafío por la impunidad de su crimen.
El periodista se ve rápidamente comprando la teoría del asesinato, aunque sin un cuerpo y cuarenta años de por medio, el caso parece más un episodio de homicidios sin resolver que una novela investigativa. El tiempo avanza y los familiares residentes en la isla toman a su manera la presencia del periodista. Unos lo aceptan, otros lo odian, hay quienes lo toman a comicidad y cómplice de los delirios del viejo y no falta quien lo toma por amante. Pero como la tecnología es prodigiosa y las laptop marca Apple son capaces de todo, finalmente una pista abre una nueva puerta en la investigación.
Mientras más se apasiona por el caso y los fantasmas del pasado revelan, no sin un duro trabajo periodístico, sus secretos, resulta evidente que hay al menos una línea de investigación nueva y que por nueva, ofrece más luces sobre el caso. Finalmente el nuevo callejón encuentra su tope y las esperanzas se esfuman como el hielo y la nieve del invierno hasta “unos agradables dos bajo cero”.
Finalmente, y por una casualidad el mejor estilo shakesperiano, logro total del autor, una charla casual con su hija, le revela al periodista la clave para descifrar el último callejón y por vez primera en cuarenta años, soñar con una salida de todo este laberinto. Sin embargo, la pista si bien clara, no es fácil de seguir, y Mikael se declara incapaz de continuar por cuenta propia una investigación que ahora plantea no un aislado asesinato familiar sino un asesino en serie activo hace 60 años y que la joven Harriet pudo haber identificado, causa a la postre según la teoría más actual, de su forzada desaparición y por ahora, casi seguro asesinato.
Es aquí donde a la historia principal se suma otro personaje, quien el autor ha ido presentando ocasionalmente entre uno y otro capítulo de la trama central, Lisbeth Salander. Digno estereotipo de la cultura gótica europea, Lisbeth es una mujer delgada que raya con la anorexia, vestida invariablemente de negro y con problemas de conducta y agresión que la han llevado a sus 23 años a no ser independiente, sino depender de un administrador para tener acceso a su dinero y que supervisa cada movimiento de su vida.
Pero que nadie se engañe, es Lisbeth la verdadera joya de esta historia, un personaje de aquellos que quedarán para siempre en nuestra memoria y que es imposible no amar. Proveniente de una familia rota y juzgada instantáneamente por cualquiera que la mira, Lisbeth es más que una “loca gótica” con problemas existenciales. Es, en sus propias palabras, la mejor hacker de Suecia, algo que no podría hacer sin su Power Book de Apple, posee memoria fotográfica y su mayor placer es investigar a las personas.
Para envidia de muchos, quien escribe estas líneas incluido, consigue un trabajo que le paga muy bien por hacer lo que le gusta y que no anda con ridiculeces morales como averiguar qué medios emplea para poder llevar información sobre todos y cada uno de los detalles de las personas encomendadas, desde estados de cuenta, correos enviados y hasta sus posiciones sexuales preferidas.
La suma de Lisbeth al equipo de Mikael permite avanzar rápidamente en la investigación y encontrar el rastro de un asesino en serie en los años 50, 60 y 70 que parece tener una obsesión con la biblia y mata a sus víctimas recreando los castigos más sangrientos encontrados en el Levítico.
Todo va tan bien, que la huraña y apática Lisbeth se toma por amante a Mikael con la excusa de “sentirse cómoda con alguien que no reacciona como todos los demás ante ella”, que el lector tiene la sensación que está a unas páginas de leer una confrontación y revelación al estilo Perry Mason. Pero el giro de la trama es la enfermedad y hospitalización de Henrik Vanger, protector de la investigación, y que estando fuera de la isla permite al villano tomarse las cosas más en serio y perseguir con un rifle a Mikael por la isla para evitar que se descubra su asunto.
Pero la identidad del agresor sigue siendo un misterio, y ya que un asesino de hace 40 años es poco probable que ande por allí con rifles de caza, surge la hipótesis que hay un segundo involucrado, alguien más joven que trabaja con el verdadero asesino o que tomó su lugar a la muerte de este. Viejos archivos empresariales y fotografías de veladas familiares permiten que tanto Mikael como Lisbeth den con la identidad del perpetrador al mismo tiempo, pero en lugares diferentes.
Mientras Lisbeth corre de regreso a informar a Mikael, éste no encuentra mejor manera de terminar su noche que yendo a la casa del asesino y confrontarlo. El señalado es Martin Vanger, hermano de Harriet y nuevo líder el imperio. Pero como todo buen malo merece su monólogo, el pobre Mikael es tomado prisionero y conducido a un sótano de tortura donde Martin ha llevado a cabo sistemáticamente la violación y asesinato de decenas de mujeres a lo largo de estos cuarenta años. Justo antes que la heroína entre en escena con un palo de golf y obligue a huir a Martin, este confiesa que es un cerdo misógino (de allí el nombre del libro) que siguió la tradición que le enseñara su padre, pero que jamás estuvo involucrado en la desaparición de Harriet. Que si hubiera llegado antes del accidente seguramente lo habría hecho, pero que de esa acción en particular él no tomó parte.
El pudiente empresario, perseguido por una moto de 125 c.c. en su flamante Volvo y con más de 50 víctimas en su haber, no encuentra mejor salida que empotrarse contra un camión cisterna y encontrar allí la muerte. Así se pone fin a la investigación de los homicidios, los de antaño fueron llevados a cabo por su padre y sin siquiera proponérselo, Mikael y Lisbeth detienen a un depredador sexual de más de 20 años de ejercicio.
Pasado el susto y con una marca de asfixia al cuello, Mikael y Lisbeth se proponen terminar con el misterio de Harriet, el cual en este punto parece una novela de Sherlock Holmes; da la impresión que ambos saben ya lo que pasó y sólo tienen que ir casilla a casilla avanzando por el tablero y confirmando sus teorías. Uno de lector intuye el final, Harriet no murió sino que huyó con ayuda de un familiar, sólo nos queda averiguar cómo y esperar el anticipado reencuentro de la sobrina y Erik Vanger.
Para virtud del escritor las cosas no suceden así, ya que el encuentro si bien nos reconforta, no está cerca de ser el final de la historia ni es un conjunto de pañuelos y lágrimas y perdones por las atrocidades vividas y permitidas. Primero viene la reacción de la familia ante la muerte del actual líder y el renacimiento de la niña tantos años dada por muerta y que maneja un imperio de ovejas en Australia. Luego viene la solicitud de Henrik de no dar a conocer la verdadera naturaleza de Martin por el daño que podría causar no sólo a la familia sino a los miles de empleados que se verían despedidos al irse a pique las empresas Vanger y el dolor de Harriet de ser la comidilla de los medios como la asesina de un padre violador y asesino y la hermana de un sádico sexual.
La indignación de Mikael y Lisbeth es inmediata y se suma el hecho de que la promesa de las evidencias contra el empresario corrupto fue siempre una mentira. Ambos se van de allí luego de un breve debate moral en comparación con los crímenes que deben callarse, y emprenden por su cuenta la ofensiva contra el empresario.
Con la ayuda de una red de hackers y la venganza de Mikael por encima de sus principios morales, desmoronan al empresario que resultó ser un auténtico banquero de la mafia de rusa, yugoslava, colombiana y yanqui. La novela termina con la revitalización de la revista Milenium y sus directores como los nuevos caballeros de brillante pluma que han preferido ir a prisión antes de comprometer sus principios y llevar a la luz pública a un cáncer de Suecia.
De vuelta a su vida, Lisbeth descubre que está enamorada de Mikael y se odia por eso y odia a Mikael por ello, ya que supone una fisura en la armadura que ha convertido su vida y su apariencia física. Un personaje duro, que a sus 23 años tomó por mano propia la venganza por ser violada por su administrador y que es capaz de ser tan comunicativa como una roca, termina tirando al río un regalo de navidad que no pudo entregar al cuarentón de Mikael al verlo caminar con su amiga-socia-amante por la calle.

Comentario

Me declaro culpable, muchas de mis recientes lecturas provienen de haber visto una película cuya trama captó mi atención y saber que son adaptaciones de una novela. En este caso le tocó el turno a “La chica con el tatuaje de dragón”, nombre más comercial que “Los hombres que no amaban a las mujeres” aunque no tan intrigante.
La novela es agradable, a pesar de su volumen (960 páginas en ebook) se lee con suma facilidad y muy pocas veces la trama se detiene lo suficiente como para querer dejarlo. Si bien Mikael no me parece un héroe, sin lugar a dudas Lisbeth Salander es un personaje de esos que se harán clásicos en el Siglo XXI. Su forma de vestir, tan juzgada en la actualidad, es la excusa perfecta para presentar una persona que no parece completa. Es demasiado buena en computadoras pero casi una niña sentimentalmente. En lugar de buscar una mujer con peculiaridades, el autor creó un ser peculiar con sexo femenino.
A pesar de existir dos historias, la de Harriet y la familia Vanger y la venganza de Mikael y Milenium contra los empresarios, ambas se llevan bastante bien. Creo que fueron demasiadas páginas al final para la historia de Milenium con la desaparición ya resuelta, pero entiendo que mientras te disparan con rifles para alces y estás a un pelo de dar con un asesino en serie, no estás para rescatar tu credibilidad y dar al traste con uno de los más grandes empresarios del país. Igualmente me hubiera gustado que ambas historias se fundieran más, o al menos antes en la trama, pero hasta que Lisbeth no ve a Mikael abatido y decepcionado con él mismo, la hacker no ofrece ayudarlo en ese tema.
El personaje de Lisbeth tiene mucho más de lo aquí expuesto, su complejidad sentimental es bien expuesta en el libro y si no se ahonda en estas líneas al respecto, es porque no puedo quitar a los lectores el gusto de conocer con sus propios ojos y de primera mano a la chica. La violación que sufre y su venganza son bastante rudas, aunque en lo particular no me parecieron negras, pero su proceso mental al respecto son dignos de una buena lectura.
Seguramente volveré a leer esta novela, aunque queda en el aire el cuándo, ya que con otras dos entregas que completan la trilogía, es más la curiosidad por ver lo que sigue que volver a vivirla. Me queda la agradable sensación de una investigación periodística devenida en trama policial con la dosis justa de angustia y zozobra sobre el final, pero también me queda claro que con 32 grados bajo cero, el invierno en Suecia es algo que no quiero conocer.
Enero, 2013

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