Stieg
Larrson (Los hombres que no amaban a las mujeres)
Resumen
“Lo que quiero decir es que hay
casos que se te pegan al cuerpo y se meten por debajo de la piel”, le comenta
un detective retirado al protagonista de la historia, y es verdad. Hay libros
que se te pegan, que a través de sus páginas se van fundiendo a tu persona y
forman parte de ti. Algunos lo logran por provenir de cierta persona, por haber
sido leídos en una época especial de nuestras historias, otros por su maestría
en la prosa. Y algunos, por contarnos una historia tan intensa que resulta
imposible abandonarlos.
“Los hombres que no amaban a las
mujeres”, primer volumen de la trilogía Milenium del autor sueco Stieg Larrson
es uno de esos libros. El resumen resulta hasta soso, un periodista caído en
desgracia es contratado por una familia para fracasar en la investigación de
una desaparición ocurrida 40 años atrás. Sí, fracasar, porque nadie en el libro
tiene la convicción que pueda resolver el enigma. Ni el octogenario millonario
que lo contrata, ni el periodista y ciertamente tampoco la o las personas detrás
de la desaparición.
El investigador, Mikael
Bloomkist, es un periodista económico, tachado de izquierdista por sus
detractores y de paladín de la verdad por sus admiradores, ha sido embaucado y
acusa a un prominente empresario de negocios sucios. El tema termina mal y es
condenado por la justicia a pagar una indemnización económica y tiempo en
prisión.
Como la justicia en Suecia no es
igual que la nuestra, cuesta creer que la condena no se efectuará
inmediatamente sino que tendrá unos cuantos meses antes de ingresar a un centro
penitenciario que el mismo describe como “unas vacaciones de trabajo”. Es en
este momento de su vida que recibe el curioso encargo de trasladarse a vivir a
una región al norte del país para investigar la desaparición de Harriet Vanger,
una niña de 16 años que durante un accidente que incomunicó la isla donde vivía
el clan familiar se perdió del mapa.
A regañadientes y bajo el cebo de
recibir una retribución monetaria jugosa e información que permita clavar en la
cruz al empresario que le ganó en juicio, Mikael acepta el encargo. Vivirá un
año en la isla, tiempo durante el cual su cliente, el millonario Henrik Vanger,
bajo el supuesto de estar escribiendo una crónica de la familia, una de las más
influyentes de la Suecia de antaño, le encarga investigar con ojos frescos una
investigación que ni el obsesionado y recursivo millonario ni la policía han
podido realizar.
La primera parte de la historia
de Mikael se centra en conocer el pasado de la familia, en sus particulares
relaciones con su amante y socia de la revista Milenium y el frío de perros que
puede existir en el norte de Suecia durante los meses del invierno. Su
investigación, como todos esperaban, no avanza mucho, y el lector tiene la
oportunidad de ir conociendo cada hilo de la trama de la desaparición y posible
asesinato de la niña. Los detalles a resaltar son la mezquindad de una familia
empresaria donde existen bandos de gente que no se habla con tal o cual
pariente, sean padres e hijos o hermanos, y donde hay desde fanáticos nazis
hasta maestras de escuela pública. Segundo, Henrik está convencido que la niña
fue asesinada, y que su asesino es un miembro de la familia que cada año,
durante las últimas cuatro décadas, manda un regalo particular que sólo puede
significar una burla y desafío por la impunidad de su crimen.
El periodista se ve rápidamente
comprando la teoría del asesinato, aunque sin un cuerpo y cuarenta años de por
medio, el caso parece más un episodio de homicidios sin resolver que una novela
investigativa. El tiempo avanza y los familiares residentes en la isla toman a
su manera la presencia del periodista. Unos lo aceptan, otros lo odian, hay quienes
lo toman a comicidad y cómplice de los delirios del viejo y no falta quien lo
toma por amante. Pero como la tecnología es prodigiosa y las laptop marca Apple
son capaces de todo, finalmente una pista abre una nueva puerta en la
investigación.
Mientras más se apasiona por el
caso y los fantasmas del pasado revelan, no sin un duro trabajo periodístico,
sus secretos, resulta evidente que hay al menos una línea de investigación
nueva y que por nueva, ofrece más luces sobre el caso. Finalmente el nuevo callejón
encuentra su tope y las esperanzas se esfuman como el hielo y la nieve del
invierno hasta “unos agradables dos bajo cero”.
Finalmente, y por una casualidad
el mejor estilo shakesperiano, logro total del autor, una charla casual con su
hija, le revela al periodista la clave para descifrar el último callejón y por
vez primera en cuarenta años, soñar con una salida de todo este laberinto. Sin
embargo, la pista si bien clara, no es fácil de seguir, y Mikael se declara
incapaz de continuar por cuenta propia una investigación que ahora plantea no
un aislado asesinato familiar sino un asesino en serie activo hace 60 años y
que la joven Harriet pudo haber identificado, causa a la postre según la teoría
más actual, de su forzada desaparición y por ahora, casi seguro asesinato.
Es aquí donde a la historia
principal se suma otro personaje, quien el autor ha ido presentando
ocasionalmente entre uno y otro capítulo de la trama central, Lisbeth Salander.
Digno estereotipo de la cultura gótica europea, Lisbeth es una mujer delgada
que raya con la anorexia, vestida invariablemente de negro y con problemas de
conducta y agresión que la han llevado a sus 23 años a no ser independiente,
sino depender de un administrador para tener acceso a su dinero y que supervisa
cada movimiento de su vida.
Pero que nadie se engañe, es
Lisbeth la verdadera joya de esta historia, un personaje de aquellos que
quedarán para siempre en nuestra memoria y que es imposible no amar.
Proveniente de una familia rota y juzgada instantáneamente por cualquiera que
la mira, Lisbeth es más que una “loca gótica” con problemas existenciales. Es,
en sus propias palabras, la mejor hacker de Suecia, algo que no podría hacer
sin su Power Book de Apple, posee memoria fotográfica y su mayor placer es
investigar a las personas.
Para envidia de muchos, quien
escribe estas líneas incluido, consigue un trabajo que le paga muy bien por
hacer lo que le gusta y que no anda con ridiculeces morales como averiguar qué
medios emplea para poder llevar información sobre todos y cada uno de los
detalles de las personas encomendadas, desde estados de cuenta, correos
enviados y hasta sus posiciones sexuales preferidas.
La suma de Lisbeth al equipo de
Mikael permite avanzar rápidamente en la investigación y encontrar el rastro de
un asesino en serie en los años 50, 60 y 70 que parece tener una obsesión con
la biblia y mata a sus víctimas recreando los castigos más sangrientos
encontrados en el Levítico.
Todo va tan bien, que la huraña y
apática Lisbeth se toma por amante a Mikael con la excusa de “sentirse cómoda
con alguien que no reacciona como todos los demás ante ella”, que el lector
tiene la sensación que está a unas páginas de leer una confrontación y
revelación al estilo Perry Mason. Pero el giro de la trama es la enfermedad y
hospitalización de Henrik Vanger, protector de la investigación, y que estando
fuera de la isla permite al villano tomarse las cosas más en serio y perseguir
con un rifle a Mikael por la isla para evitar que se descubra su asunto.
Pero la identidad del agresor
sigue siendo un misterio, y ya que un asesino de hace 40 años es poco probable
que ande por allí con rifles de caza, surge la hipótesis que hay un segundo
involucrado, alguien más joven que trabaja con el verdadero asesino o que tomó
su lugar a la muerte de este. Viejos archivos empresariales y fotografías de
veladas familiares permiten que tanto Mikael como Lisbeth den con la identidad
del perpetrador al mismo tiempo, pero en lugares diferentes.
Mientras Lisbeth corre de regreso
a informar a Mikael, éste no encuentra mejor manera de terminar su noche que
yendo a la casa del asesino y confrontarlo. El señalado es Martin Vanger,
hermano de Harriet y nuevo líder el imperio. Pero como todo buen malo merece su
monólogo, el pobre Mikael es tomado prisionero y conducido a un sótano de
tortura donde Martin ha llevado a cabo sistemáticamente la violación y
asesinato de decenas de mujeres a lo largo de estos cuarenta años. Justo antes
que la heroína entre en escena con un palo de golf y obligue a huir a Martin,
este confiesa que es un cerdo misógino (de allí el nombre del libro) que siguió
la tradición que le enseñara su padre, pero que jamás estuvo involucrado en la
desaparición de Harriet. Que si hubiera llegado antes del accidente seguramente
lo habría hecho, pero que de esa acción en particular él no tomó parte.
El pudiente empresario,
perseguido por una moto de 125 c.c. en su flamante Volvo y con más de 50
víctimas en su haber, no encuentra mejor salida que empotrarse contra un camión
cisterna y encontrar allí la muerte. Así se pone fin a la investigación de los
homicidios, los de antaño fueron llevados a cabo por su padre y sin siquiera
proponérselo, Mikael y Lisbeth detienen a un depredador sexual de más de 20
años de ejercicio.
Pasado el susto y con una marca
de asfixia al cuello, Mikael y Lisbeth se proponen terminar con el misterio de
Harriet, el cual en este punto parece una novela de Sherlock Holmes; da la
impresión que ambos saben ya lo que pasó y sólo tienen que ir casilla a casilla
avanzando por el tablero y confirmando sus teorías. Uno de lector intuye el
final, Harriet no murió sino que huyó con ayuda de un familiar, sólo nos queda
averiguar cómo y esperar el anticipado reencuentro de la sobrina y Erik Vanger.
Para virtud del escritor las
cosas no suceden así, ya que el encuentro si bien nos reconforta, no está cerca
de ser el final de la historia ni es un conjunto de pañuelos y lágrimas y
perdones por las atrocidades vividas y permitidas. Primero viene la reacción de
la familia ante la muerte del actual líder y el renacimiento de la niña tantos
años dada por muerta y que maneja un imperio de ovejas en Australia. Luego
viene la solicitud de Henrik de no dar a conocer la verdadera naturaleza de
Martin por el daño que podría causar no sólo a la familia sino a los miles de
empleados que se verían despedidos al irse a pique las empresas Vanger y el
dolor de Harriet de ser la comidilla de los medios como la asesina de un padre
violador y asesino y la hermana de un sádico sexual.
La indignación de Mikael y
Lisbeth es inmediata y se suma el hecho de que la promesa de las evidencias
contra el empresario corrupto fue siempre una mentira. Ambos se van de allí
luego de un breve debate moral en comparación con los crímenes que deben
callarse, y emprenden por su cuenta la ofensiva contra el empresario.
Con la ayuda de una red de
hackers y la venganza de Mikael por encima de sus principios morales,
desmoronan al empresario que resultó ser un auténtico banquero de la mafia de rusa,
yugoslava, colombiana y yanqui. La novela termina con la revitalización de la
revista Milenium y sus directores como los nuevos caballeros de brillante pluma
que han preferido ir a prisión antes de comprometer sus principios y llevar a
la luz pública a un cáncer de Suecia.
De vuelta a su vida, Lisbeth
descubre que está enamorada de Mikael y se odia por eso y odia a Mikael por
ello, ya que supone una fisura en la armadura que ha convertido su vida y su
apariencia física. Un personaje duro, que a sus 23 años tomó por mano propia la
venganza por ser violada por su administrador y que es capaz de ser tan
comunicativa como una roca, termina tirando al río un regalo de navidad que no
pudo entregar al cuarentón de Mikael al verlo caminar con su amiga-socia-amante
por la calle.
Comentario
Me declaro culpable, muchas de
mis recientes lecturas provienen de haber visto una película cuya trama captó
mi atención y saber que son adaptaciones de una novela. En este caso le tocó el
turno a “La chica con el tatuaje de dragón”, nombre más comercial que “Los hombres
que no amaban a las mujeres” aunque no tan intrigante.
La novela es agradable, a pesar
de su volumen (960 páginas en ebook) se lee con suma facilidad y muy pocas
veces la trama se detiene lo suficiente como para querer dejarlo. Si bien
Mikael no me parece un héroe, sin lugar a dudas Lisbeth Salander es un
personaje de esos que se harán clásicos en el Siglo XXI. Su forma de vestir,
tan juzgada en la actualidad, es la excusa perfecta para presentar una persona
que no parece completa. Es demasiado buena en computadoras pero casi una niña
sentimentalmente. En lugar de buscar una mujer con peculiaridades, el autor creó
un ser peculiar con sexo femenino.
A pesar de existir dos historias,
la de Harriet y la familia Vanger y la venganza de Mikael y Milenium contra los
empresarios, ambas se llevan bastante bien. Creo que fueron demasiadas páginas
al final para la historia de Milenium con la desaparición ya resuelta, pero
entiendo que mientras te disparan con rifles para alces y estás a un pelo de
dar con un asesino en serie, no estás para rescatar tu credibilidad y dar al
traste con uno de los más grandes empresarios del país. Igualmente me hubiera
gustado que ambas historias se fundieran más, o al menos antes en la trama,
pero hasta que Lisbeth no ve a Mikael abatido y decepcionado con él mismo, la
hacker no ofrece ayudarlo en ese tema.
El personaje de Lisbeth tiene
mucho más de lo aquí expuesto, su complejidad sentimental es bien expuesta en
el libro y si no se ahonda en estas líneas al respecto, es porque no puedo
quitar a los lectores el gusto de conocer con sus propios ojos y de primera
mano a la chica. La violación que sufre y su venganza son bastante rudas,
aunque en lo particular no me parecieron negras, pero su proceso mental al
respecto son dignos de una buena lectura.
Seguramente volveré a leer esta
novela, aunque queda en el aire el cuándo, ya que con otras dos entregas que
completan la trilogía, es más la curiosidad por ver lo que sigue que volver a
vivirla. Me queda la agradable sensación de una investigación periodística
devenida en trama policial con la dosis justa de angustia y zozobra sobre el
final, pero también me queda claro que con 32 grados bajo cero, el invierno en
Suecia es algo que no quiero conocer.
Enero, 2013












